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El empacho canalizador

 

Por Alicia Sánchez Montalbán

 

Cuando empezamos a canalizar nos llenamos de entusiasmo. Es tanta la ilusión que sentimos al estar en contacto con nuestro guía espiritual que queremos que nuestros amigos y demás seres queridos también la sientan. Por eso comenzamos a pedir mensajes para ellos sin tener en cuenta algo primordial: tal vez, sin querer, estemos violando su libre albedrío.

¿Nos han pedido el mensaje?

¿Saben que estamos preguntando por ellos a nuestros guías?

¿Están de acuerdo con que nosotros recibamos esa información?

No debemos intervenir en el proceso evolutivo de ningún alma, a menos que ésta nos autorice o nos pida ayuda. Incluso en esos casos, nuestra intervención debe llegar únicamente hasta donde permita su plan de vida. A veces pretendemos evitarle a alguien cualquier tipo de sufrimiento, retirar de su camino todos los escollos, sin darnos cuenta de que quizás se encuentra ante una lección que necesita aprender: encontrar por sí mismo la solución o la salida.

Es posible que, en alguna ocasión, nos llegue un mensaje inesperado para alguien y que sea el mismo guía quien nos anime a entregárselo. Sin duda, yo recomiendo entregarlo, pero preguntándole previamente a esa persona si desea recibirlo.

El empacho canalizador llega cuando nos empeñamos en que otra persona acate lo que han dicho los guías como si de una orden se tratase. Los guías no ordenan; sugieren, indican, aconsejan, pero nunca imponen nada. ¿Por qué lo íbamos a hacer nosotros?

Si tu guía te da un consejo para alguien, pide permiso a esa persona para entregárselo y, luego, permite que sea ella misma quien decida si desea aplicarlo.

De lo contrario y sin querer te estarás dejando llevar por el ego que te impulsa a creer que tú eres más sabio que esa persona para su propia vida.

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